Todos parecen querer a Dudamel. Nacido en 1981 y con una carrera que se disparó seis años atrás, es hoy uno de los directores de orquesta más requeridos de todo el mundo. Desde hace doce años dirige la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, de su Venezuela natal, con la que realizará una extensa gira por América del Sur y Europa, incluyendo presentaciones en el Festival de Salzburgo y Estambul. Por segundo año es Director Musical de la Filarmónica de Los Angeles y por cuarto año está al frente de la Gothenburg Symphony.
"Yo he visto cómo la música ha salvado vidas" dijo en una vieja entrevista con el diario mejicano La Jornada. "En cuanto un joven ingresa a una orquesta sinfónica entra a una familia y se convierte en una mejor persona. Yo soy producto de ese cambio. Ahora que he cumplido mi sueño de dirigir a las orquestas más grandes del mundo ciertamente mi vida cotidiana ha cambiado, pero te juro que sigo siendo el mismo. Si me tratan diferente es porque uno se convierte en una imagen. Y si esa imagen sirve para inspirar a los jóvenes a superarse, si me ven y dicen: `yo también quiero ser como él`, si soy un referente y un ejemplo, entonces sí me gusta ser una celebridad, porque soy útil a la sociedad". Cuando hizo ese comentario tenía veintiséis años y hacía relativamente poco que había saltado a la fama luego de un concurso de dirección de orquestas.
En ese momento la crítica y las grandes orquestas del mundo ya consideraban su nombre a la altura del de directores mucho mayores, como Claudio Abbado, Simon Rattle y Daniel Barenboim. Junto con ellos ya había sido contratado en varias oportunidades para dirigir orquestas de Berlín, Viena, Los Angeles y Nueva York". Mi manera de trabajar siempre es la misma, porque cuando hay un trato enfocado en la excelencia tienes que sentirte un artista para poder lograr el fin, que es hacer buena música" dijo en aquella entrevista con el diario mejicano. "Evidentemente, Berlín Philarmoniker es una institución y es una orquesta inmensa, tanto técnicamente como interpretativamente, de ensueño, pero mi forma de trabajar es siempre la misma. Hacer música me pide el mismo nivel trabajando con niños, con jóvenes o con maestros consumados. Por supuesto que ya a la Filarmónica de Berlín no le tienes que decir muchas cosas, porque ya ellos lo interpretan".
Su referencia a la dirección de niños no es casual, sino que tiene que ver con su propia formación. Dudamel, de origen humilde, hizo su carrera a partir del llamado "sistema de orquestas infantiles y juveniles", que ha permitido el desarrollo de cientos de artistas a lo largo de más de tres décadas en ese país.
Es un gran defensor de este método y de los efectos que tiene. "Yo he visto jóvenes al borde de la muerte y no por una enfermedad, sino por el mayor padecimiento que es el ocio, flagelo de nuestros tiempos porque el joven está expuesto a las drogas, a la delincuencia, a la mala vida y qué pasa con la música: cuando el joven ingresa a la orquesta entra a una familia y forma parte de su familia genética, una familia con sensibilidad, se puede decir culta, porque al hacer música estás haciendo cultura. Se convierten en otras personas. Yo me siento parte de un cambio, porque yo vengo de una familia de medianos recursos, baja, no de medianos recursos alta".
Dicho sistema se ha reproducido en unos cincuenta países y hay un estimado que afirma que ha beneficiado a más de un millón de niños y jóvenes en total. De todos ellos Dudamel sigue, y probablemente seguirá siendo por un buen tiempo el mayor exponente. La revista Time lo incluyó en su lista de las 100 figuras más influyentes del espectáculo y no fue en vano. Su meteórica carrera lo respalda.
Fuente: http://www.elpais.com.uy/110626/pespec-575616/novedades/gustavo-dudamel-un-fenomeno-en-uruguay/
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